El tiempo parece medirse por concepto de distancias emocionales. La distancia que viene con la confusión también, de perder registro de los días. Se olvida lo que “un momento” determinado se sentía, cómo se sintió.
El tiempo se mide por emociones.
Conmigo viene Legión, Pazusu no tiene tiempo de prestarme sus demonios, con los míos basta y sobra. Para mi Legión, el temor no deja de ser compás,
brújula,
guía,
las palabras no dejan de encarcelar también.
Y con Rrose Sélavy, yo también me dí cuenta que podría comenzar a aceptar lo anormal y lo despreciado. Qué tal rendir el afán de “querer ser” y trabajar en “ser”. Quizás debería olvidar eso de “ser” y trabajar en “estar”, suena mejor. Descartes repite en eco con las Oceánides: yo soy, creo, por que me pienso.
Pero sigo sin “estar”, ese es mi problema,
nunca estoy donde debería estar, siempre muy lejos o muy abajo pero nunca acá.
