Suspiros y Escalofríos

Se me acomoda alrededor del ombligo la frustración.

Se me acomoda como una mamba negra, el fuerte olor a pasado.

Hoy se me inundan las cejas de conmiseración, y vuelvo a abrir la boca: con los labios rotos y los ojos empapados.

Sí, si. El ombligo me duele también, y detrás de él los intestinos me chillan, dudo que me dejen de comer viva por dentro. Porque nunca jamás antes lo acepté, no lo voy a hacer ahora.

Hombres del mundo, no oz odio. Mujeres del mundo, preguntenme otra vez en 5 años. Porque los primeros, ya se que no me pueden herir mucho menos molestar. Las segundas, me duelen a cada paso.

Se me acurruca entre los senos, un suspiro ahogado por mi propia salvación. Se me muere entre los dedos la esperanza en amar a mis congéneres… porque cuando crecí (de los 4 años a los 16), juré amarlas a todas a través de mi búsqueda por amarme a mí misma. No sé, si quizás, inconscientemente pensé que ellas al final de ese camino me querrían de vuelta a mí.

Hoy el desierto no tiene nombre, la pesadilla sí. A pesar de tantos golpes, que me sacan la sangre, el sueño y la fe, no puedo creer que lo acepte pero la estupida inocencia por ellas, nada la saca, nada la tuerce.

Hinchada en dolor y resignada a ser una adicta a preguntar “por qué?”, sigo pensando que el ombligo quizás algún día me deje de arder. 

Notes